jueves, 28 de noviembre de 2024

"Huacón, el danzante volador"

La noche del 27 de noviembre de 2024 se presentó en la Casa del Grupo Cultural Yuyachkani la historieta "Huacón, el danzante volador".  Agradezco a mi querido maestro y amigo Miguel Rubio Zapata, por la confianza y el cariño al invitarme para ser parte de la mesa de presentación de su reciente trabajo literario, en coautoría con el ilustrador Octavio Felipe Obando.

Comparto aquí el texto que preparé para dicha presentación:

En 2013, Miguel, junto a Jesús Cossío, presentó la historieta Guerrilla en Paucartambo, el primer número de la serie Memoria que Danza. Ahora, siguiendo con el propósito de este proyecto, que busca difundir las festividades y tradiciones que reflejan la diversidad cultural del Perú, nos presenta el segundo número, Huacón, el danzante volador. Este libro es, sobre todo, un homenaje a la memoria de un amigo: Abel Beriche Macha. Beriche, tallador de madera por herencia familiar, hijo de carpintero y nieto de alfareros, quien se dedicaba a tallar desde puertas hasta imágenes sacras. Con su cincel, dio forma a innumerables "caretas" que luego cobraban vida en los cuerpos de los danzantes miteños, quienes, con látigo en mano, se convertían en autoridades durante los primeros días del año.

 

Miguel Rubio ha dedicado mucho tiempo a reflexionar sobre la teatralidad andina, especialmente aquella expresada en las fiestas tradicionales y, principalmente, en las danzas enmascaradas. La Huaconada del pueblo de Mito, en la provincia de Concepción, Junín, es un claro ejemplo de ello. Tanto Guerrilla en Paucartambo como Huacón, el danzante volador, son proyectos nacidos de relaciones personales que reflejan un profundo respeto y admiración por el arte de sus intérpretes. He sido testigo de la complicidad y admiración mutuas entre Miguel Rubio y Abel Beriche, una relación horizontal de aprendizaje sincero en la que el aprendiz experimentado se acerca al maestro. Probablemente, esa búsqueda está reflejada en la curiosidad de uno de los personajes de este libro, lo que convierte esta historia en un relato de encuentro, aprendizaje y herencia.

 

En esta historieta, Abel Beriche se transforma en un personaje que despierta la curiosidad de un niño, quien, gracias a los consejos y enseñanzas de su maestro, logra cumplir su sueño de convertirse él mismo en un Huacón. A lo largo de la narración, y gracias a las impresionantes ilustraciones de Octavio Felipe, recorremos los lugares clave del pueblo de Mito vinculados con la Huaconada: la plaza principal con la réplica de la Fontana de Trevi, la municipalidad, el cementerio, y el misterioso lugar conocido como Ayán, considerado la Pakarina de los Huacones. Además, seguimos el camino tantas veces recorrido por Abel entre su casa y el pueblo, rodeado de la vegetación que también alimenta su arte.


 

La historieta nos introduce también en la fiesta tal como se conoce hoy en día, los Huacones dando vueltas a la plaza, las diferentes expresiones de las máscaras, los atuendos diferenciados entre Huacón antiguo y moderno, el corta rabo y la subida al palo encebado. El guion está basado en fuentes orales, nutrido por una narrativa recurrente en el imaginario de la comunidad, relacionada con el control social ejercido por un consejo de ancianos.

 

Me gustaría invitarlos a reflexionar sobre dos momentos clave relacionados con la Huaconada y, por extensión, con otras prácticas culturales. Estos momentos, que se encuentran en los extremos, son los pilares sobre los cuales se sostiene lo que entendemos como tradición: el pasado y el futuro.

 

¿Qué origen tiene La Huaconada? ¿De dónde proviene esta danza que, a diferencia de muchas otras, se ejecuta en una sola pandilla, exclusivamente por hombres, cuyas máscaras son grotescas y cuyos personajes están envueltos en un halo de misterio?

 

Para intentar responder en este corto espacio, deseo referirme al trabajo del arqueólogo Sergio Barraza Lescano titulado Apuntes histórico-arqueológicos en torno a la danza del Huacón (Anthropologica, 2009). Si bien existen numerosos estudios sobre esta danza, como bien señala Barraza, pocos abordan su origen, ya que la mayoría se centran en una descripción de carácter etnográfico. De este modo, las implicancias sociales se limitan a la contemporaneidad. Barraza ofrece una interpretación de fuentes etnohistóricas de los siglos XVI y XVII, y entre sus hallazgos, destaca lo siguiente:

 

(...)el carácter agrícola que tuvo originalmente la danza, que se encontraba vinculada a, por lo menos, dos fiestas del calendario agrícola indígena: el comienzo de la temporada de lluvias, que marcaba el período de siembra, y el inicio de la época de cosecha. Además de estas dos ocasiones, la danza del guacón también era ejecutada en algunas fiestas locales en las que se conmemoraba la figura de míticos antepasados-héroes como Urau en el caso de Cajatambo y Ñamsapa en Huarochirí. (p.114)

 

Un segundo punto para resaltar del estudio de Barraza es:

 

El origen de la danza se remontaría a tiempos prehispánicos, y se encontraría vinculado a ceremonias en las que se manipulaban máscaras elaboradas a partir de restos humanos (tipo huayo).(p.114)

 

Estos dos postulados es lo que infiere a partir de los archivos, pero, dice,  lo que sí resulta claro:

 

es que el ritual estuvo dedicado al culto de los ancestros fundadores, cuya presencia y ayuda eran fundamentales para obtener lluvias y buenas cosechas, así como para legitimar la autoridad de sus descendientes (los gobernantes locales) y mantener el control social.(p.114)

 

Por otro lado, refiriéndonos al otro extremo ypensando en el futuro ¿Cómo podemos abordar esta cuestión en el contexto de la globalización? ¿Cuál es su naturaleza en la actualidad y hacia a dónde apunta? Esto que voy a mencionar es quizá uno de los temas más incómodos(¿?) cuando se habla de “conservar la tradición”. En 2012 la profesora Consuelo Arriola Jorge publicó un artículo en el Suplemento Cultural Solo 4 del diario Correo de Huancayo, titulado: Por la equidad de género en la danza. En este artículo, Arriola cuestiona la ausencia de la participación activa de las mujeres en La Huaconada. Así pues, la mujer se limita a preparar el vestuario (que no es cosa menor) y a observar. Los distintos estudios arqueológicos nos han demostrado que existieron autoridades, sacerdotisas y guías mujeres. Arriola se pregunta al respecto: 

 

¿No será tiempo de que la mujer retome su rol protagónico y participe en todo el ámbito cultural? Pese al reconocimiento de la equidad de género, ésta no puede participar en ciertas danzas como La Huaconada de Mito.

 

Como en todo proceso cultural, en La Huaconada de Mito, a lo largo del tiempo se han venido introduciendo diferentes cambios. En el uso de los instrumentos musicales, el vestuario, la máscara, los complementos de este, así como la participación de los más jóvenes. Sobre uno de esos cambios significativos Arriola anota: 

 

Los niños han logrado integrarse al tercer día, antes solo se iniciaban como Huacones aproximadamente a los 14 años.

 

Esta es, además, la edad en la que Abel Beriche contó -en una entrevista- se había iniciado en la danza. 


Continua Arriola:

 

…el Huacón antiguo tiene una cuarta jornada porque se estaba extinguiendo, ya que los jóvenes prefieren el vestuario moderno. Y ¿por qué las mujeres no podríamos tener un quinto día?

 

Se pueden afrontar distintos retos sin perder la identidad, como bien afirma Arriola. La cultura no es estática, y, tarde o temprano, las personas tendrán que comprenderlo.


Hago eco de la propuesta de Arriola, la que a su vez, hago mía también:

 

Que las mujeres no sigan bailando a escondidas: la apertura permitirá ampliar los horizontes de la danza.

 

Finalmente, en tiempos de crisis, me sumerjo en el deseo más profundo de que estas figuras aladas, los cóndores antropomorfizados, desciendan a la tierra. Y con la autoridad por siglos concedida, con sus chicotes con patas de cabra, castiguen a aquellos que, apoderándose del poder, han sido capaces de sembrar tristeza, desesperanza y muerte en los corazones de los más desprotegidos.

 

Ellos (¿y ellas?) vendrán, majestuosos, y al frente estará, el enorme Abel Beriche Macha.

 

Magdalena 27 de noviembre de 2024

Elizabeth Lino-Cornejo


Collage de imágenes: portada de la historieta y  📸 de Karen Bernedo

martes, 26 de noviembre de 2024

Sobre el muñeco hallado en la cartera

No, lo que había en su cartera no era un muñeco para "hacer daño"; tampoco era un peluche, como ella afirmó —según dicen— esquiva y arrogante. Era un muñeco quitapenas que había conseguido en uno de sus viajes. Le habían dicho que este exorcizaba los sufrimientos, nada más contarle lo que tanto le dolía. Debía concentrarse en la preocupación al momento de acostarse, lejos de la bulla, y detallarle al pedacito de tela, en susurros, lo que quería que este se llevara. Oculta en la oscuridad, se deshacía en revelaciones babeantes sobre el muñeco. Intentaba acariciarle la barriga, parte imprescindible del ritual, pero sus uñas desgarraban el diminuto cuerpo del confidente. Creyendo con firmeza en el sortilegio, lo introducía debajo de la almohada en espera de un sueño tranquilo que jamás hallaba. 

Una mañana, agriada y con la pesadez de la mala noche, sin sentir ningún cambio que la aliviara, lo sacó de su escondite y, como castigo por no hacer su trabajo, lo metió en su cartera. Pensó que quizá, de esa forma, el insolente aprendería a escuchar el tormento que la asolaba. Allí dentro, olvidado, por primera vez el muñeco escuchó ecos feroces, gritos y alaridos. Oyó retumbar penas ajenas, mentiras, desprecio, risas, balas, balas, balas... 

Y entonces, una noche, cuando interrumpieron su descanso imperial, casi cuando ya lo había sacado de su memoria, el muñeco apareció. "¿Qué es esto?", le increparon al hallarlo en su cartera. Con desesperación estiró las manos escamosas, recuperó al muñeco y fingió cercanía y ternura con este. El trozo de tela la miró fijamente y, en el acto, expulsó penas como dardos. Estos llenaron el cuarto con quejidos incontenibles. Pero nada de eso que ahora habitaba en aquel espacio se parecía a lo que cada noche en su amargura ella había susurrado. Esas penas no eran suyas, eran las que había sembrado. Al muñeco le brotaron rostros por distintas partes del cuerpo; por cada pena, por cada sujeto, por cada lágrima, por cada desprecio, por cada desgarro ocasionado. Rostros adoloridos, huérfanos, perseguidos, golpeados, ensangrentados, agujereados, cada uno más pisoteado y negado que el anterior. 

Cuando quiso deshacerse del muñeco de los mil rostros, este le increpó con furia: "Pena y culpa no son lo mismo".

La noche del 27 de noviembre de 2024 se presentó en la Casa del Grupo Cultural Yuyachkani   la historieta "Huacón, el danzante volador...