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martes, 26 de noviembre de 2024

Sobre el muñeco hallado en la cartera

No, lo que había en su cartera no era un muñeco para "hacer daño"; tampoco era un peluche, como ella afirmó —según dicen— esquiva y arrogante. Era un muñeco quitapenas que había conseguido en uno de sus viajes. Le habían dicho que este exorcizaba los sufrimientos, nada más contarle lo que tanto le dolía. Debía concentrarse en la preocupación al momento de acostarse, lejos de la bulla, y detallarle al pedacito de tela, en susurros, lo que quería que este se llevara. Oculta en la oscuridad, se deshacía en revelaciones babeantes sobre el muñeco. Intentaba acariciarle la barriga, parte imprescindible del ritual, pero sus uñas desgarraban el diminuto cuerpo del confidente. Creyendo con firmeza en el sortilegio, lo introducía debajo de la almohada en espera de un sueño tranquilo que jamás hallaba. 

Una mañana, agriada y con la pesadez de la mala noche, sin sentir ningún cambio que la aliviara, lo sacó de su escondite y, como castigo por no hacer su trabajo, lo metió en su cartera. Pensó que quizá, de esa forma, el insolente aprendería a escuchar el tormento que la asolaba. Allí dentro, olvidado, por primera vez el muñeco escuchó ecos feroces, gritos y alaridos. Oyó retumbar penas ajenas, mentiras, desprecio, risas, balas, balas, balas... 

Y entonces, una noche, cuando interrumpieron su descanso imperial, casi cuando ya lo había sacado de su memoria, el muñeco apareció. "¿Qué es esto?", le increparon al hallarlo en su cartera. Con desesperación estiró las manos escamosas, recuperó al muñeco y fingió cercanía y ternura con este. El trozo de tela la miró fijamente y, en el acto, expulsó penas como dardos. Estos llenaron el cuarto con quejidos incontenibles. Pero nada de eso que ahora habitaba en aquel espacio se parecía a lo que cada noche en su amargura ella había susurrado. Esas penas no eran suyas, eran las que había sembrado. Al muñeco le brotaron rostros por distintas partes del cuerpo; por cada pena, por cada sujeto, por cada lágrima, por cada desprecio, por cada desgarro ocasionado. Rostros adoloridos, huérfanos, perseguidos, golpeados, ensangrentados, agujereados, cada uno más pisoteado y negado que el anterior. 

Cuando quiso deshacerse del muñeco de los mil rostros, este le increpó con furia: "Pena y culpa no son lo mismo".

La noche del 27 de noviembre de 2024 se presentó en la Casa del Grupo Cultural Yuyachkani   la historieta "Huacón, el danzante volador...