La noche del 27 de noviembre de 2024 se presentó en la Casa del Grupo Cultural Yuyachkani la historieta "Huacón, el danzante volador". Agradezco a mi querido maestro y amigo Miguel Rubio Zapata, por la confianza y el cariño al invitarme para ser parte de la mesa de presentación de su reciente trabajo literario, en coautoría con el ilustrador Octavio Felipe Obando.
Comparto aquí el texto que preparé para dicha presentación:
En 2013, Miguel, junto a Jesús Cossío, presentó la historieta Guerrilla en Paucartambo, el primer número de la serie Memoria que Danza. Ahora, siguiendo con el propósito de este proyecto, que busca difundir las festividades y tradiciones que reflejan la diversidad cultural del Perú, nos presenta el segundo número, Huacón, el danzante volador. Este libro es, sobre todo, un homenaje a la memoria de un amigo: Abel Beriche Macha. Beriche, tallador de madera por herencia familiar, hijo de carpintero y nieto de alfareros, quien se dedicaba a tallar desde puertas hasta imágenes sacras. Con su cincel, dio forma a innumerables "caretas" que luego cobraban vida en los cuerpos de los danzantes miteños, quienes, con látigo en mano, se convertían en autoridades durante los primeros días del año.
Miguel Rubio ha
dedicado mucho tiempo a reflexionar sobre la teatralidad andina, especialmente
aquella expresada en las fiestas tradicionales y, principalmente, en las danzas
enmascaradas. La Huaconada del pueblo de Mito, en la provincia de Concepción,
Junín, es un claro ejemplo de ello. Tanto Guerrilla en Paucartambo como Huacón, el danzante volador, son proyectos nacidos de relaciones
personales que reflejan un profundo respeto y admiración por el arte de sus
intérpretes. He sido testigo de la complicidad y admiración mutuas entre Miguel Rubio y Abel Beriche, una relación horizontal de aprendizaje sincero en la que el aprendiz
experimentado se acerca al maestro. Probablemente, esa búsqueda está
reflejada en la curiosidad de uno de los personajes de este libro, lo que
convierte esta historia en un relato de encuentro, aprendizaje y herencia.
En esta historieta, Abel Beriche se transforma en un personaje que despierta la curiosidad de un niño, quien, gracias a los consejos y enseñanzas de su maestro, logra cumplir su sueño de convertirse él mismo en un Huacón. A lo largo de la narración, y gracias a las impresionantes ilustraciones de Octavio Felipe, recorremos los lugares clave del pueblo de Mito vinculados con la Huaconada: la plaza principal con la réplica de la Fontana de Trevi, la municipalidad, el cementerio, y el misterioso lugar conocido como Ayán, considerado la Pakarina de los Huacones. Además, seguimos el camino tantas veces recorrido por Abel entre su casa y el pueblo, rodeado de la vegetación que también alimenta su arte.
La historieta nos introduce también en la fiesta tal como se conoce hoy en día, los Huacones dando vueltas a la plaza, las diferentes expresiones de las máscaras, los atuendos diferenciados entre Huacón antiguo y moderno, el corta rabo y la subida al palo encebado. El guion está basado en fuentes orales, nutrido por una narrativa recurrente en el imaginario de la comunidad, relacionada con el control social ejercido por un consejo de ancianos.
Me gustaría invitarlos a reflexionar sobre dos
momentos clave relacionados con la Huaconada y, por extensión, con otras
prácticas culturales. Estos momentos, que se encuentran en los extremos, son
los pilares sobre los cuales se sostiene lo que entendemos como tradición: el
pasado y el futuro.
¿Qué origen tiene La Huaconada? ¿De dónde proviene
esta danza que, a diferencia de muchas otras, se ejecuta en una sola pandilla,
exclusivamente por hombres, cuyas máscaras son grotescas y cuyos personajes
están envueltos en un halo de misterio?
Para intentar responder en este corto espacio, deseo referirme al trabajo del
arqueólogo Sergio Barraza Lescano titulado Apuntes histórico-arqueológicos en torno a la danza del Huacón (Anthropologica,
2009). Si bien existen numerosos estudios sobre esta danza, como bien señala
Barraza, pocos abordan su origen, ya que la mayoría se centran en una
descripción de carácter etnográfico. De este modo, las implicancias sociales se
limitan a la contemporaneidad. Barraza ofrece una interpretación de fuentes
etnohistóricas de los siglos XVI y XVII, y entre sus hallazgos, destaca lo
siguiente:
(...)el carácter agrícola que tuvo originalmente la danza,
que se encontraba vinculada a, por lo menos, dos fiestas del calendario
agrícola indígena: el comienzo de la temporada de lluvias, que marcaba el
período de siembra, y el inicio de la época de cosecha. Además de estas dos
ocasiones, la danza del guacón también era ejecutada en algunas fiestas locales
en las que se conmemoraba la figura de míticos antepasados-héroes como Urau en
el caso de Cajatambo y Ñamsapa en Huarochirí. (p.114)
Un
segundo punto para resaltar del estudio de Barraza es:
El origen de la danza se remontaría a tiempos
prehispánicos, y se encontraría vinculado a ceremonias en las que se
manipulaban máscaras elaboradas a partir de restos humanos (tipo huayo).(p.114)
Estos dos
postulados es lo que infiere a partir de los archivos, pero, dice, lo que sí resulta claro:
es que el ritual estuvo dedicado al culto de los ancestros fundadores, cuya presencia y ayuda eran fundamentales para obtener lluvias y buenas cosechas, así como para legitimar la autoridad de sus descendientes (los gobernantes locales) y mantener el control social.(p.114)
Por otro
lado, refiriéndonos al otro extremo ypensando en el futuro ¿Cómo podemos abordar esta cuestión en el contexto de la globalización?
¿Cuál es su naturaleza en la actualidad y hacia a dónde apunta? Esto que voy a
mencionar es quizá uno de los temas más incómodos(¿?) cuando se habla de
“conservar la tradición”. En 2012 la profesora Consuelo Arriola Jorge publicó
un artículo en el Suplemento Cultural Solo 4 del diario Correo de
Huancayo, titulado: Por la equidad de género en la danza. En este artículo, Arriola cuestiona la ausencia de la participación activa de las mujeres en La
Huaconada. Así pues, la mujer se limita a preparar el vestuario (que no es cosa menor) y a observar. Los distintos estudios arqueológicos nos han demostrado que existieron
autoridades, sacerdotisas y guías mujeres. Arriola se pregunta al respecto:
¿No será tiempo de que la mujer retome su rol
protagónico y participe en todo el ámbito cultural? Pese al reconocimiento de
la equidad de género, ésta no puede participar en ciertas danzas como La
Huaconada de Mito.
Como en todo proceso cultural, en La Huaconada de Mito, a lo largo del tiempo se han venido introduciendo diferentes cambios. En el uso de los instrumentos musicales, el vestuario, la máscara, los complementos de este, así como la participación de los más jóvenes. Sobre uno de esos cambios significativos Arriola anota:
Los niños han logrado integrarse al tercer día, antes solo se iniciaban como Huacones aproximadamente a los 14 años.
Esta es, además, la edad en la que Abel Beriche contó -en una entrevista- se había iniciado en la danza.
Continua Arriola:
…el Huacón antiguo tiene una cuarta jornada porque se estaba extinguiendo, ya que los jóvenes prefieren el vestuario moderno. Y ¿por qué las mujeres no podríamos tener un quinto día?
Se pueden afrontar distintos retos sin perder la identidad, como bien afirma Arriola. La cultura no es estática, y, tarde o temprano, las personas tendrán que comprenderlo.
Hago eco de la propuesta de Arriola, la que a su vez, hago mía también:
Que las mujeres no sigan bailando a escondidas: la
apertura permitirá ampliar los horizontes de la danza.
Finalmente,
en tiempos de crisis, me sumerjo en el deseo más profundo de que estas figuras
aladas, los cóndores antropomorfizados, desciendan a la tierra. Y con la autoridad
por siglos concedida, con sus chicotes con patas de cabra, castiguen a aquellos
que, apoderándose del poder, han sido capaces de sembrar tristeza, desesperanza
y muerte en los corazones de los más desprotegidos.
Ellos (¿y ellas?) vendrán, majestuosos, y al frente estará, el enorme Abel Beriche
Macha.
Magdalena
27 de noviembre de 2024
Elizabeth
Lino-Cornejo
